No sé... Es lo primero que se me vino a la mente cuando comenzaba a llevarme el trago de mareador líquido hasta mis labios. Y sin embargo aún no entiendo, y me pregunto, si estuvo correcto lo que he hecho. Si dejé en mis manos las lágrimas de otros o la llave que me salvará del dolor, quién sabe. Lo cierto es que el daño ya lo hice, el cuchillo lo porto yo, y solo yo. No tenía otra razón de hacerlo más que por estúpida venganza, ¿Devolver el daño que te han hecho durante meses es incorrecto, errado, idiota? A veces me digo si, a veces no. Vuelvo a preguntármelo día a día antes de apagar la exagerada luz de la ampolleta de la lámpara de mi habitación.Y es que el recuerdo de mi venganza me llena la cabeza como polillas rebosantes a la luz, y no me deja quieta. Estoy feliz por un momento y luego esa injustificable falta a la confianza de una amistad que ya se perdió...vuelve a brillar en mis ojos y escapa en gotas, tristeza humana, frustración existencial.
Duele perder a alguien querido, pero al fin y al cabo todo cambio es para mejor...Intentaría recuperarla pero dudo que lo logre, ya llueve sobre mojado, y de hombres es equivocarse; de locos persistir en el error.
Y volvemos a la típica frasecita que repito a todo el mundo burlescamente, que me han repetido en la cara de la misma forma pero que en el fondo es cierto: Así es la vida. Punto.
Realmente no sé si describirme como psicótica, rencorosa, mitómana, genia o simplemente celosa. Y me río de eso.












