2.11.10

OjosCerrados.

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La dulce armonía entre hoja y hoja se esparcía en todo esplendor. Cada vez que miraba se iba moviendo con aquella brisa. No me deja copiarla. La naturaleza es tan cruel que es imposible que permanezca quieta para poder dibujarla. Tan constante es el otoño como constante es el gentío, y creo que este es el peor momento. Tomé los apelmazados pinceles y mis deshilachadas telas para proseguir con mi trabajo quizá en un tiempo más. Por extrañas circunstancias estoy pintando en esta estación cuando jamás lo hago. Puede que comience a disfrutar de clima fresco, de hojas húmedas, de mirar el cielo blanco y los oscuros tonos del ambiente, a tono con mi semblante, quien sabe.
Pronto mi cabeza giró en exactos segundos cuando caminaba a mi casa frustrado, y no fue por algún inconsciente que me haya hecho un empujón o una zancadilla como siempre, como acostumbran todos, no. Fue por esos actos reflejos de estrujar los ojos mirándola como un inepto.
Otoño es el preludio al invierno, y éste también es mi preludio.
Al despertar en la mañana siguiente por el resfrío que me tragué me dispuse a coger mis cosas y volver al mismo lugar, mucho más expectante. La situación fue más extraña aún. Pisadas que daban miedo cruzaban por la ciudad.
Esta vez la extraña de ayer volvió a estar cerca de mí y a interrogarme sobre cuadros. “Quisiera hacerlos como tú” dice ella; pero no tiene el talento. No lo creo. Es demasiado para mí. Le comencé a hablar y para mi agraciada suerte comenzó a llover. Claro, hoy es veintiuno de Diciembre, nuestro invierno. Salió corriendo con algo así como rechazo las gotas de agua y, bueno, no me quedó más y volví donde estaba también mi madre con un carácter no muy diferente.
Mucho esfuerzo de mi parte aporté como para que la maldita antena funcionara de una buena vez. Y esa fue la causa de que mamá estuviese así. No entiendo muy bien estas cosas y parecen cacofonía. Y a propósito, con ello pudimos enterarnos de que la prensa divisaba las presencias bélicas que antes yo vi por las veredas. Se han multiplicado. Algún otro plan estará planeando el país, yo que sé.
Pasaron semanas de marchas extrañas dentro de las calles, y pasaron semanas también en las que me pasé las tardes con ella. Se disculpó bastantes veces conmigo por haber corrido de esa forma de mí, que no quería, pero recordó que, al igual que mi madre, la suya también se aterra de los aviones, la gente, los militares y eso. Claro, aparte del agua torrencial que la sorprendió sin paraguas al igual que a mí. Parece colectivo. He dado pasos con ella hasta más no poder, hemos ido aquí y hemos ido allá. Hemos hablado de pintores, de sueños, de la nada, de todo. Y se enamoró de mí. Ya no es otoño a invierno, es invierno pleno, gélido para el exterior y acogedor para mí. Creo que comienzo a ser feliz. La tarde cualquiera del lugar cualquiera se hace corta y el cielo se llena de tinta negra, dispuesto a una nueva marea polar. Me despido de ella de un beso y sin algo con que taparme, salgo apresurado.
En las esquinas la gente se arrincona por la razón de que llueven gatos y perros, y porque los oficiales se ocupan toda la calle en sí. Se dirigen a un solo punto, pero no indagaré más. Vuelvo a casa y mi madre a gritos brama que están construyendo algo, partiendo al gentío en dos, que nada se entiende. Y más vale salir, porque los señores altos ya están en ese sector atentos a cualquier cosa. Me aproximé del brazo de mi madre y bajamos rápido a la calle.
La masa de personas llora y yo aun no logro captar. Hasta que veo unos cuantos hombres corpulentos preparados para algo grande, y así entonces detecto que efectivamente, reparten humanos hacia un lado y otros hacia otro. No me solté de los gemidos ni de mi madre, era un caos de quizá qué dimensión, inhumano. Camino para despejar y que el ejército prosiga su enfermiza tarea. Camino entre gente apretada, entre sofocados, ahogados; entre humedad y transpiración de pánico proveniente de todas las bocas alemanas.
Observo… observo que ella está del otro lado, pero ya no me ve a mí, porque no ve a nadie. Cae en su propia sombra y yo a través del mar de gente no puedo intentar nadar ni hacer algo por su desvanecimiento. Ya creo perder todo; esperando sea un espejismo o cualquier cosa. Gigantescos y eternos bloques de dureza impenetrable entran en contacto con el espacio vacío entre la división hecha por los soldados. Los traen unos tras otros y van llenando un muro despiadado que parece que no terminara jamás de construirse. Ya no podré pintar ni sus ojos cerrados.
23.10.10

Temor al Amanecer.

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Quizá ya no vuelva a permanecer aquí como estuvo su profunda eternidad. Quizá ya no pare de obsesionarse con la tortura, con la venganza. Quizá aun me está observando con su invertido sonreír apenas visible, reflejada sobre las aguas hambrientas. En lejanías me atasco para contemplar aquel paisaje. Hablo con el viento y éstas palabras a su vez golpean en pegajosa y fría pared. NO TE VAYAS JAMÁS.
14.10.10

NOBODYdoesitbetter.

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Nobody does it better
Makes me feel sad for the rest

Nobody does it half as good as you
Baby you're the best

I wasn't looking
But somehow you found me

I tried to hide from your love light
But like heaven above me,
The spy who loved me

Is keeping all my secrets safe tonight

And nobody does it betterSometimes I wish someone would
Nobody does it quite the way you do
Why'd you have to be so good?
The way that you hold me, whenever you hold me
There's some kind of magic inside you
That keeps me from running, but just keep it coming
How'd you learn to do the things you do
And nobody does it better
Makes me feel sad for the rest
Nobody does it quite the way you do
Baby, baby
Baby, you're the best.