
Probablemente exagere. El hecho de estar sin tí ya por tanto tiempo, sin tus caricias ni tu bella voz, hace que de a poco mi ánimo se vaya degradando. Si, parezco un cadáver cumpliendo sus rutinas diarias, tratando de concentrarme en estudiar, y separar eso de pensar, otra vez, en ti. Las tardes en las que te veo; mismas fechas, mismos lugares, no me importa que quizá sea algo... repetitivo, porque sé que para tí lo es. En fin, cada segundo en que estoy frente a tu presencia, cuando te veo llegar, cuando veo esa carita hermosa que me llama la atención entre los cómicos zombies que caminan por la ciudad... Es un momento puro, especial, mágico, me anima a continuar viviendo sólo por ello.
Para otros ojos la lluvia puede ser un fenómeno horripilante, así como el viento frío va pasando por vacíos sitiales en donde me abrazaste como nadie, como nunca en mi mera existencia, quebrando esa helada agonía que yacía en mi en brutales pasados de decepeción. Destruyendo esa tonta ilusión de absoluta soledad. Fuiste, eres, serás, en quien yo más creo, confío, todo; todo mi amor, aunque en ese pasado solía asociar tus palabras con algo apenas verosímil, tenue.
Recordando campos en mis sueños, parajes donde puedo verte sonriendo y amándome infinitamente, donde el sólo hecho de odiar queda dentro de total ficción.
Perfectamente podría morir de un ataque si no contengo la euforia que tengo dentro al tomar tu mano, y eso es algo que tengo que ahogar a medida que pasa el rato. Tú, preguntándome acerca de mi semblante a través de la mañana, y a la vez yo, con mis brillantes ojos y tartamuda voz, tratando de pronunciar algunas palabras. No no me doy cuenta, pero me río de eso, me río de tus gestos, y eso es especial en tu persona, eso es lo que ví en ti, ¿sabes?, el resto definitivamente no es como tú, eres un amor y ese alguien a quien contarle mi vida; mucho más que un amigo... Quizás por eso suelo mendigar un beso tuyo, de aquí para allá persiguiendo tu aroma que sobresale de entre los más deliciosos del mundo; titila en el aire, como tus ojos, tu belleza, tu alma, tu corazón, el mío... Como un voluminoso y pendenciero guerrero dispuesto a luchar contra todos tus miedos, listo para defenderte aunque mi alma me cueste...
Miro el nuboso cielo, el frío me inunda la sangre, pero sé, en los días en los que estoy sin tí, que nada parece tener esperanzas, en las noches quizás me oyes derramar mis lágrimas, suplicando a la cornisa celeste, repleta de ángeles, suplicando al de tu guarda, que cuide de tí... para salvarte de todo mal; y aunque no sepa como decirlo, aunque mi paupérrimo lenguaje de bebé trate de evitarlo, mi corazón y espíritu te cuida cada noche, mi amor...
Para otros ojos la lluvia puede ser un fenómeno horripilante, así como el viento frío va pasando por vacíos sitiales en donde me abrazaste como nadie, como nunca en mi mera existencia, quebrando esa helada agonía que yacía en mi en brutales pasados de decepeción. Destruyendo esa tonta ilusión de absoluta soledad. Fuiste, eres, serás, en quien yo más creo, confío, todo; todo mi amor, aunque en ese pasado solía asociar tus palabras con algo apenas verosímil, tenue.
Recordando campos en mis sueños, parajes donde puedo verte sonriendo y amándome infinitamente, donde el sólo hecho de odiar queda dentro de total ficción.
Perfectamente podría morir de un ataque si no contengo la euforia que tengo dentro al tomar tu mano, y eso es algo que tengo que ahogar a medida que pasa el rato. Tú, preguntándome acerca de mi semblante a través de la mañana, y a la vez yo, con mis brillantes ojos y tartamuda voz, tratando de pronunciar algunas palabras. No no me doy cuenta, pero me río de eso, me río de tus gestos, y eso es especial en tu persona, eso es lo que ví en ti, ¿sabes?, el resto definitivamente no es como tú, eres un amor y ese alguien a quien contarle mi vida; mucho más que un amigo... Quizás por eso suelo mendigar un beso tuyo, de aquí para allá persiguiendo tu aroma que sobresale de entre los más deliciosos del mundo; titila en el aire, como tus ojos, tu belleza, tu alma, tu corazón, el mío... Como un voluminoso y pendenciero guerrero dispuesto a luchar contra todos tus miedos, listo para defenderte aunque mi alma me cueste...
Miro el nuboso cielo, el frío me inunda la sangre, pero sé, en los días en los que estoy sin tí, que nada parece tener esperanzas, en las noches quizás me oyes derramar mis lágrimas, suplicando a la cornisa celeste, repleta de ángeles, suplicando al de tu guarda, que cuide de tí... para salvarte de todo mal; y aunque no sepa como decirlo, aunque mi paupérrimo lenguaje de bebé trate de evitarlo, mi corazón y espíritu te cuida cada noche, mi amor...

