
Tan felices éramos en aquel tiempo...tu y yo paseando solos a través del interminable aroma de la naturaleza; el cielo parecía más bien dibujado que real.. a cada paso que doy junto a tí de la mano, el tiempo se congelaba para mirarte a los ojos cada vez.
El dulce viento que iba y venía comenzó a hacer caer las primeras hojas de otoño, en forma tan delicada que creí que estaba en un cuento hermoso y sin fín.
Las corrientes de aire no cesaban; mi bello paisaje se alborotó, y los aromos que ahí cerca se encontraban respondían a la melodía del cielo.
Tu simplemente me rogaste que corriera de la fuerte brisa, y sin siquiera explicarme el por qué, me diste el último beso de tu vida. Sin pensarlo dos veces me alejé de tí y del agresivo viento, y me quedé junto a los árboles mirando cómo te suicidabas sin explicación, observándome a mi misma como una idiota, sin poder hacer nada para detenerte, mi amor.
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