24.9.10
Y mientras deliro con el teléfono que volviese a resonar en las paredes y dentro de mi vista.
Y mientras mi corazón ejecuta la orden de apagarse, yo jamás lo querría, jamás.

La Tierra me azota con su crueldad y sentidos individuales, yuxtapuestos. Se triza. Saltaría hacia el otro lado del mineral que sucumbe bajo el oscuro manto de desesperación, su sangre marcada en marrón, su ruptura en lágrimas azules repletas de sal. Escalaría por todo el dolor y ausencia de gravedad. Escalaría. Entre manos desfiguradas, manos rasgadas, manos sin compasión, masa compacta de sangre y desamparo, mis manos. Escalaría. Ojos llenos de polvo, ojos llenos de amor, ojos sin reconocimiento de lo real y de lo jamás esperado. Miseria. Años. Diez millones de años con la mente hacia arriba buscando su rostro entre el desconcierto, los brazos pequeños que asesinaron la tumultosa hemorragia de llantos, el beso que ahora mismo, necesito.